Anuncios en TV y mensajes personales despiden al año 2020 con maldiciones, como si, al finalizar este año, un horizonte luminoso y esperanzador se abriera ante nosotros. Piensan muchos que, consumido el 2020, terminan todos los males que este año nos ha traído. Craso error. El autor del Coronavirus, de los confinamientos, de la imposición de la mascarilla y del distanciamiento social, de las restricciones, de las muertes y de la crisis económica y social no ha sido el año 2020 sino el hombre. Para ser exactos, los malnacidos, hombres y mujeres, que forman las Élites Mundiales, que han financiado y ordenado la manipulación del virus del Covid en los laboratorios. El virus es una mutación de laboratorio. Y su liberación, premeditada, tiene un fin: su uso como coartada para imponer la Nueva Normalidad. Así lo ha reconocido el propio Klaus Schwab, fundador y presidente del Foro Económico Mundial de Davos: una excusa para el Gran Reseteo Económico, del que nacerá un Nuevo Orden Económico Mundial y una Nueva Normalidad política, social y ‘moral’. Un Mundo de Esclavos Felices.

El año 2020 no es un paréntesis nefasto, sino la Puerta de Entrada a ese Mundo Feliz. Lo que se avecina es infinitamente peor a lo que hemos pasado en el 2020. Este año sólo es el Umbral al Infierno.

No puedo, por tanto, desearos, como quisiera, una Feliz Salida del Año Viejo y una Feliz Entrada en el Año Nuevo, ni que éste sea Próspero. Esa fórmula tradicional, en los próximos años, sólo encierra una quimera. Os deseo Fe y Voluntad para caminar rectamente ante el Altísimo y, así, resistir y combatir contra el Mundo de Esclavos Felices, que quieren imponernos.

Recordemos que somos Hombres y Mujeres Libres, Hijos de Dios. Y que, por tanto, es más propio a nuestra Dignidad Humana morir de pie que vivir de rodillas.

Cristo es Nuestro Maestro. ¡Dios con nosotros!

Pedro Pablo Peña.